"No es comedia,sino una fábula pequeña en que, a imitación de Italia,se canta y se representa".

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jueves, 21 de marzo de 2013

Marina, en el Teatro de la Zarzuela



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 “Esta historia de amor podría haberse resuelto en un acto, pero las mujeres a veces hacen difícil lo sencillo”, contaba ayer Ignacio García, responsable de escena de la ópera Marina, que llega este viernes al Teatro de la Zarzuela de Madrid. Esta joven de timidez absoluta, encorsetada en los prejuicios socioeconómicos de la España de finales del siglo XIX, fue incapaz de confesarle sus sentimientos a su amado Jorge, pese a la larga espera frente al mar Mediterráneo. Marina prefirió comprometerse con otro y dejar que la música siguiera sonando dos actos más. “¿Pero quién no ha cometido alguna vez un error así?”, planteó el director escénico. García, con la colaboración de Cristóbal Soler y Óliver Díaz en la dirección musical, retoman el libreto operístico que Miguel Ramos Carrión con partitura de Emilio Arrieta adaptaron en 1871 de la zarzuela originaria que Francisco Camprodón escribió en 1855. “Esta es una versión íntegra de la ópera que consiguió que en el Teatro Real se escuchara por primera vez el castellano”, recordó Paolo Pinamonti, director del Teatro de la Zarzuela. Encumbrada por el tenor Alfredo Kraus y el barítono Vicente Sardinero, la versión que llega ahora a Madrid no olvida la tradición isabelina que permitió a España soñar con una ópera propia, pero encuentra en la realidad actual un nuevo pretexto. “Marina representa lo que somos como pueblo emigrante y trabajador que busca su futuro cueste lo que le cueste, por mucho que desde el norte de Europa ahora no paren de repetirnos lo mal que lo hacemos todo”, explicó Ignacio García. “Los mismos europeos que luego vienen a España buscando el sol y las seguidillas que también aparecen en esta obra”. El responsable de escena se ha olvidado de “la postal cursi y rancia”, como describió García el influjo de la tradición tardo romántica que apellidó a este montaje tanto en su forma de zarzuela como de ópera, para ubicarla en un puerto industrializado de Lloret del Mar. “El mar huele a salitre, los trabajadores sudan, los cantantes acaban en el barro, literalmente”, dijo el director escénico. La traducción musical de esta penúltima versión encuentra el equilibrio entre el belcanto y el drama verdiano gracias al trabajo de Soler y Díaz. “Las notas toman otra valencia cuando la joven que espera a orillas del mar no solo representa el tópico del amor sufriente, sino que también es la esperanza ante la miseria que vive”, planteó Díaz. “Esta es una ópera cursi y machista hasta en la melodía”, acompañó Mariola Cantarero, una de las tres sopranos que interpreta a Marina. “Pero desde la veracidad y deshaciéndose de la parte edulcorada se consigue que hasta mi personaje, eclipsado por el tenor, recupere su importancia”. Gracias al trabajo musicológico de María Encina Cortizo se han rescatado, además, números del montaje que desaparecieron en versiones posteriores, como el dúo entre Marina y Roque y la sardana, ambos en el segundo acto. A Mariola Cantarero le acompañan en el primero de los tres elencos que representarán la ópera, el tenor Celso Albelo en el papel de Jorge y el barítono Juan Jesús Rodríguez, como Roque. Ninguno ha cumplido los cuarenta, pero han pasado ya por la Scala de Milán o el Covent Garden, en Londres. “Después de haber hecho Marina muchas veces, he descubierto un personaje distinto, con el alma en la morriña gallega del emigrante”, dijo Rodríguez. “Siento la misma responsabilidad que con cualquier otra ópera”, comentó Albelo. El último ganador del International Opera Awards como mejor tenor se mostró reacio a comparar montajes. “Nunca hablo de la dificultad de una partitura, no lo voy a hacer ahora por interpretar una ópera que se concibió como zarzuela”. ¿Ópera o zarzuela?, ¿cursilería romántica o retrato social? “Estamos en la obligación de plasmar nuestra impronta, con respeto al pasado”, dijo Albelo. “Contamos una historia amorosa a través del tango, la seguidilla y la sardana, contamos también lo que es España”, concluyó García.

sábado, 9 de marzo de 2013

Iglesias Caunedo, alcalde de Oviedo:«la zarzuela engancha al público»




La Nueva España, www.lne.es  

E. F.-P. En la presentación del Festival de Teatro Lírico Español, el alcalde Agustín Iglesias Caunedo puso el acento en el hecho de haber celebrado veinte temporadas consecutivas. «Demuestra la capacidad que tiene la lírica española para enganchar al público», dijo. Iglesias Caunedo se refirió a Emilio Sagi como a «una de las personas que más nos inspiran», «un ovetense universal» con el que el Ayuntamiento mantiene un contacto permanente y una estrecha colaboración con el teatro Arriaga de Bilbao, que él dirige. Ángeles Rivero Velasco, directora de LA NUEVA ESPAÑA, diario que colabora en la organización de este evento musical, felicitó al Ayuntamiento por los veinte años de festival y «por la calidad de la programación en sí», y manifestó «su admiración como periodista y aficionada por lo que esta ciudad es capaz de programar, en un momento en el que los medios son menguantes». A cuenta de un comentario de Rivero, el escenógrafo Emilio Sagi aludió al «milagro» del festival ovetense. «Sí, la verdad, es un milagro, pero porque hay gente que empuja y se dedica a que no caiga», afirma. «Hay menos títulos, pero se sigue haciendo y eso es importante, porque lo que cae es difícil que vuelva a nacer», añadió y, además, junto al Arriaga, el Campoamor «es uno de los pocos teatros con producción propia». Sagi tuvo palabras de reconocimiento para «Oviedo Filarmonía» y la Orquesta Sinfónica del Principado, «dos orquestas importantísimas». Insistió en que la zarzuela «no es un género menor» y citó «La verbena de la Paloma» como «una de las joyas de la música española».